Inicio Cultura BOTERO, EL HOMBRE, EL ARTISTA. Medellín 1.932 – Mónaco 2023.

BOTERO, EL HOMBRE, EL ARTISTA. Medellín 1.932 – Mónaco 2023.

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Por: Leonardo Franco Arenas – demo.latardedelotun.com_____

Falleció Botero, titulares de todos los medios con razón justificada. Junto a García Márquez los dos colombianos más reconocidos universalmente en las artes. ¿Lamentable? Si, pero tampoco es una tragedia nacional para que, durante varios días nos inunden con todo tipo de reseñas del maestro sin conmiseración alguna, a los 91 años cualquier humano, por cualquier razón, puede morir cualquier día. Suficiente un Q.E.P.D, con una nota de su vida y obra.

Vida longeva y prolífica producción artística, alguna muy buena, la mayoría no tanto, eso sí, toda comercialmente muy valiosa por su firma, reconocido en su momento como el pintor vivo más rico del mundo, quien, hasta última hora, casi hasta su último aliento dejó obras con su rúbrica para bien de los herederos, ricos desde hace mucho, gracias a su padre y a algunos esguinces a las buenas costumbres y ahora más, debido a la copiosa obra heredada.

Botero el hombre se confunde con el Botero artista. La vida joven en Medellín, disputada entre la bohemia y el trabajo tempranero, visitas a lupanares reflejados luego en las series pictóricas de prostitutas, cantinas y bailes. El acucioso y agudo sentido de lo citadino, lo cotidiano, calles, parques, vendedores, gente del común que poblaba las calles de la pequeña urbe de antes de los 50, el arte lo iba aprendiendo en el camino de manera auto didacta.

Luego del 52 se traslada a la fría Bogotá, pasa una temporada participando en los salones de artistas colombianos, en contra de la cerrada crítica cachaca, esa élite de pueblo grande con ínfulas de “Atenas Suramericana”, él, toma la llave de aceptación de manera pragmática, una mujer de la crema que le abre las puertas, le da tres hijos en muy poco tiempo, se casa y da el salto a Europa, ingresando en conocidas academias complementando su formación, visita de manera disciplinada museos y pinta fogosamente durante estos años.

Después de vivir durante varios años en algunos paises europeos, viaja a México y posteriormente se establece en Estados Unidos, allí su obra florece y es donde alcanza “la popularidad” el reconocimiento entre algunos coleccionistas que catapultan sus cuadros y posteriormente sus esculturas a niveles inimaginados para un pintor colombiano. Hacia finales de los setenta ya radicado en París, dona al museo de Antioquía algunas de sus obras, posteriormente haría lo mismo con otras entidades, al Banco de la República para el museo Botero en Bogotá, Museo Nacional de Colombia, algunas universidades extranjeras y expondría sus esculturas en lugares icónicos de diferentes ciudades en el país y en el exterior. Su obra y generosidad han trascendido fronteras para enriquecer el patrimonio artístico mundial.

Desconozco mucho de su producción artística, de su vida he leído en reseñas serias, biografías permitidas y no permitidas, también en revistas livianas de moda y de cotilleo del jet set en las cuales, el, sus mujeres y sus hijos eran asiduos invitados por su condición de parientes de la élite.

En dos ocasiones tuve la oportunidad de cruzarme con el maestro Botero, en ninguna cabe resaltar, hubo alguna interacción con el artista, solo anécdotas de momento. La primera a finales de la década del 80 en el restaurante del muelle internacional del aeropuerto El Dorado de Bogotá, lo reconocí sentado cómodamente con la pierna cruzada, las inconfundibles gafas redondas, concentrado en una revista, un café sobre la mesa e ignorando precavidamente todo lo que pasaba a su alrededor.

La otra fue en la inauguración del Museo Botero, año 2000, una de esas casualidades inexplicables de la vida, me encontré a boca de jarro con la directora de patrimonio de Min cultura María Claudia Ferrer, con quien habíamos trabajado en la creación del programa Vigías del patrimonio, nos saludamos y en un santiamén estaba en primera fila del evento. El  discurso quedó como memoria del museo, de este, las siguientes palabras “Para mí es un placer infinito saber que estas obras pertenecen hoy a Colombia; saber que los estudiantes que ingresen a esta casa, entrarán en contacto con las corrientes artísticas más importantes de nuestro tiempo, contemplando aquí permanentemente, obras originales de grandes maestros; saber que los amantes de la pintura y la escultura puedan venir a visitar este remanso de paz y pasearse tranquilamente por estas salas, dejándose inundar por la estética moderna”

Cabe recordar que Botero no solo donó una importante cantidad de obras suyas para este museo, también 85 obras de grandes pintores de su colección particular, a su lado en este acto estaba la escultora Sofia Vari, su compañera desde 1978, testificando este generoso suceso.

Sobre el valor artístico de la obra la conceptuarán quienes tengan el conocimiento y los méritos, críticos y curadores escribirán y expondrán sobre la trascendencia creativa del artista. Lo que no se puede desconocer es el gran valor comercial de esta, en estos momentos cada cuadro y escultura suyas han multiplicado su valor, gran estratega Fernando Botero para siempre repercutir en el mercado del arte, marcando un hito en la historia del arte contemporáneo de Latinoamérica hacia el mundo.

Descanse en paz maestro, abundancia a los herederos y el reconocimiento de todo un país.