TEXTOS._____
Por: Leonardo Franco Arenas / demo.latardedelotun.com

______ Podría pensarse que la mayoría de los seres humanos pasan cuando menos por tres etapas o momentos en sus vidas, de acuerdo a los intereses, motivaciones u objetivos que se tengan. La primera cuando se piensa que la vida es muy larga y habrá tiempo suficiente para realizar las metas propuestas en el proyecto de vida. La segunda cuando la vida parece que no alcanzará para lograr todo lo que se anhela se o proyecta. Y una tercera cuando aún sin llegar a la ancianidad y decrepitud final se tiene una certeza, lo que falta sobra.
En esta última etapa, asalta sin piedad la falta de interés en lo que sigue, mirar al lado y lado y no encontrar el aliciente suficiente para continuar, sucede invariablemente cuando contempla la soledad, la reconoce de frente, ahí se vislumbra el no más.
A lo largo de la vida se dan momentos de soledad tanteada por gusto en una terapia liberadora, otros, rodeado por mares de aislamiento no deseado en los cuales trata de mantenerse a flote, este último caso, es el que se presenta en una sociedad ruda, olvidadiza, aquí es frecuente que la soledad acompañe los últimos años de vida. Para algunos la soledad es tan intolerable que abrazan la muerte como vía rápida de escape en un mundo que ya no es el suyo, que nada puede ofrecerle.
Terminando las tareas y las responsabilidades adquiridas a través de la vida se llega a la meta implícita del “Y ahora qué”, conclusión: “Para que más, me sobró tiempo”
“Cuando el ser siente que su vida ya no tiene ninguna importancia para las personas que lo rodean, entonces está realmente solo, llegó al punto”.






